Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros. 1 Juan 4:11-12
Si usted alguna vez se ha alistado en el ejército, o se ha unido a un equipo de rescate, o ha dado a luz a un bebé, sabe que las personas no asumimos tareas peligrosas porque creamos que la misión sea segura. No. Aceptamos enfrentar un posible peligro porque alguien o algo que amamos mucho vale la pena para correr cualquier riesgo.
Esto puede ayudarnos a entender por qué Dios tan a menudo dice a sus seguidores que no tengan temor y luego da ánimos para avanzar audazmente con obediencia, valentía y confianza. Si bien el temor puede impulsarnos a actuar, el amor es un motivador más poderoso. Haremos por amor lo que nunca haríamos por temor.
Así que el amor divino nos impulsa. Dios, quien creó este mundo, quien se hizo hombre para caminar entre nosotros y redimirnos, quien murió para salvarnos, nos ha dado un amor perfecto. Y demostramos este amor de Dios amándonos unos a otros. Incluso cuando tenemos miedo.
¡Qué misión tan grande nos ha dado Dios: recibir su amor perfecto y demostrarlo unos a otros! En el proceso de llevar a cabo esa misión, encontraremos que donde abunda el amor, no queda espacio para nuestros temores.
Señor, enséñame a amar como Tú me has amado, con entrega, paciencia y bondad. Que Tu amor eche fuera todo temor de mi corazón y me impulse a reflejar Tu luz en la vida de los demás. Ayúdame a demostrar con mis acciones que Tu amor habita en mí, sanando, restaurando y dando esperanza. Que en cada gesto y palabra sea un reflejo de Tu gracia infinita. En El Nombre de Jesús, Amén.