Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Santiago 1:2-3
Presión. Estrés. Conflictos. Sueños rotos. La vida está llena de adversidades. Cuando Cristo dijo que tendríamos problemas en este mundo (Jn 16.33), no estaba exagerando. Todos los días enfrentamos algún tipo de prueba. Muchas son triviales, como quedarse atascado en el tráfico o un día agotador con un bebé inquieto. Otras nos cambian la vida, como un diagnóstico devastador o la muerte de un ser querido. Pero, según Santiago 1.2, debemos “[tener] por sumo gozo” cuando estas pruebas de la vida se presenten en nuestro camino. Eso puede parecer imposible, pero no lo es cuando elegimos ver nuestro dolor desde la perspectiva de Dios.
Mantener una perspectiva cristocéntrica es fácil cuando la vida es tranquila y tenemos todo lo que necesitamos; aferrarse a esa perspectiva cuando todo se está desmoronando es mucho más difícil. La adversidad nos refina, pero para ver lo positivo en medio de nuestro dolor, debemos mirar las circunstancias desde el punto de vista de Dios. Eso significa recordar que Él nos ama y que está obrando en nuestra vida, cultivando nuestra fe y paciencia.
Dios usa tanto nuestras alegrías como nuestras pruebas para que maduremos en la fe y nos acerquemos a Él. De manera que las pruebas que enfrentamos en esta vida nos hacen parecernos más a nuestro Padre. Y por eso, podemos regocijarnos.
Señor, en medio de cada prueba, quiero aprender a confiar en Ti con todo mi corazón. Aunque no entienda el porqué de las dificultades, sé que Tú estás obrando en mi vida para formar en mí paciencia, fe y carácter. Ayúdame a ver cada situación desde Tu perspectiva, con ojos de esperanza y confianza. Que no me deje vencer por el desánimo, sino que permanezca firme en Tu amor. Enséñame a regocijarme no por el dolor, sino por el propósito que estás cumpliendo en mí a través de él. Fortaléceme, Señor, y hazme madurar conforme a Tu voluntad. En El Nombre de Jesús, Amén.