Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo… Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. Romanos 5:1-5
En el pasaje de hoy, el apóstol Pablo enumera muchas de las bendiciones que los creyentes recibimos cuando nos encontramos en tribulaciones, como paciencia y esperanza. La manera en que las menciona en los versículos 3 y 4, hace que el pasaje sea muy fácil de citar y un placer memorizarlo. Pero no debemos pasar por alto lo que está en la raíz de dichas bendiciones.
En el versículo 1 podemos encontrar: “Tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (énfasis añadido). La palabra griega traducida como “paz” es eiréné, un derivado del verbo eirō, que significa “unir, atar juntos en un todo”. Cuando aceptamos la generosa oferta de salvación del Señor, todas las piezas rotas en nosotros se volvieron a juntar. Todos los huecos fueron llenados. Ahora no falta nada, no hay nada roto.
Esa tranquilidad absoluta, o paz, “sobrepasa todo entendimiento” (Fil 4.7). Cuando el Señor Jesús dormía en la barca azotada por la tormenta, demostró que esa clase de paz significa seguridad y reposo, sin importar lo que suceda a nuestro alrededor (Mt 8.24-26). Esta es la paz en la que estamos llamados a vivir, y a extenderla a otros que la necesitan tan desesperadamente.
Señor amado, gracias por la paz que has derramado en mi vida a través de tu Hijo, Jesucristo. Esa paz que sobrepasa todo entendimiento me sostiene en medio de las pruebas y me recuerda que, en ti, nada falta ni está roto. Ayúdame a descansar en tu presencia cuando las tormentas arrecien y a ser un instrumento de tu paz para quienes me rodean. En el nombre de Jesús, amén.